viernes, 08 de diciembre de 2006
Le había costado. Varios días de subida por las colinas, mal dormir al raso amparado por las extrañas sombras de los helechos y las ramas caprichosas. Cuando ya la compañía de la espesura, sus sonidos y voces, comenzaba a resultarle exasperante; cuando su espalda empezaba a anhelar la tibieza del lecho y los ojos se volvían con más frecuencia, sin quererlo, hacia donde sabía que se encontraban los conocidos tejados rojizos, apareció por fin su destino. Las rodillas se aflojaron, y esta vez el ca [...]
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Publicado por Nidhoggr @ 16:12
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